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2013, Lima Vive Rock

Publicado: 2025-02-25

Un festival de música que buscaba ser más que eso: la búsqueda compartida de un mejor lugar para vivir y ser parte de una cultura.

Parece mentira, pero pasaron ya más de 10 años de la ilusión de una gestión municipal decente en Lima, diferente de la obsesión por el cemento y la mentira de las anteriores. Una gestión que decía tener a la cultura como pilar. Una gestión que, sin embargo y como todas, finalmente nos decepcionó.

Durante el 2013, yo vivía una suerte de efervescencia. Estudiaba Ingeniería de sonido, buscando conectar mi gusto por la música con la posibilidad de estudiar; estaba en pareja, en el segundo año de una relación de primeros pasos en todos los aspectos. Y Lima parecía encaminarse a ser una buena ciudad para vivir.

En septiembre de ese año, se llevó a cabo la segunda edición del festival Lima Vive Rock. Un evento en el que la música en vivo era el eje central, pero que no se limitaba a ello pues incluía talleres, feria de discos y fanzines, y una exposición fotográfica dedicada al rock peruano. Un espacio que funcionaba como encuentro social para una capital fracturada como la nuestra, buscando que sea la cultura (nuestra cultura) la que pudiera unir aquellas partes rotas.

Intento ubicarme en dicho momento: tenía 21 años y un anhelo intacto. Las bandas tocaban en horarios y yo tenía muchas ganas de escuchar El Aire. Se armó el pogo cuando JJ cantó "Libertad" y entendí un poco más aquella necesidad catártica de liberar energía dándote de golpes con alguien con quien después te podías abrazar. JJ estaba luminoso y no olvido lo grato que fue ir a la mesa que había dispuesto A Tutiplén (el sello que había reeditado el primer álbum de la banda de 1996 en una edición especialísima) tan solo para saludarlo (ya me había dedicado el disco en un evento anterior, pero igual me firmó un papel que encontró cerca), el beso amoroso que le dio a mi novia y esa sonrisa franca y abierta que solo tipos como él pueden tener. Había algo en JJ de absoluta limpieza; se percibía ya en su música, y entendí entonces que funcionaba como un reflejo de lo que él en el fondo era.

Hubo una firma de discos de Natalí Jiménez. El año anterior había sacado su álbum debut, "Lady Qwam", y yo era súper fan. Lo llevé para que me lo dedique, le enterneció que lo tuviera en un plástico protector y me regaló una púa de guitarra; siempre fue muy buena onda. De regreso al puesto de A Tutiplén, estaba François Peglau, que había sacado su segunda producción ("La crisis del segundo disco" —imposible un mejor nombre) solo días antes y para mí era casi un héroe. François fue de los primeros artistas en aquel momento en poner sobre la mesa el concepto DIY aplicado a la música: grababa con su laptop y un equipamiento mínimo, y distribuía sus temas mediante Bandcamp. De mi lado, como estudiante de Sonido y aficionado al rubro canción, eso me fascinaba. Recuerdo preguntarle sobre su seteo y probablemente mencionó que usaba Ableton. Yo solo fingí entenderlo (mis pasos iniciales con un DAW eran con una copia de Pro Tools) mientras quedaba encandilado por la seguridad y soltura que emanaban de él. Sabía en lo que estaba metido y que ese era el camino.

La tarde/noche siguió, posiblemente escuchando a La Nueva Invasión y Pelo Madueño. Sí recuerdo escuchar la reunión de Los Saicos a lo lejos: no cabía una persona más y el lugar se llenó a tope. Casi al salir del recinto, vi un stand en el que vendían la primera edición de aquel CD de El Aire, la de 1996. Quiero pensar que fue mi presupuesto de estudiante el que prefirió dejarlo de lado y comer una hamburguesa a la salida. Hubiera sido un cierre perfecto terminar el día con ese disco en la mano, y lamenté muchos años que no hubiera sido así. Por suerte lo conseguí después.

Lo que no pude tener luego, y hasta hoy, es esa misma sensación de ciudad conectada a la cultura, conectada a esas cosas intangibles, pero reales; y conectada así con mi propia ilusión. Odio la corrupción. Odio que las cosas hermosas se terminen tiñendo de miseria. Y me pregunto si en algún momento, con alguna gestión, volveremos a tener un evento así, una sensación así, una ilusión así. Sé que seré yo quien ya no tenga 21 años, pero creo que no importa tanto, estoy listo igual.


Escrito por

Roberto Renzo

Lima, 1992. Cantante de causas perdidas | https://linktr.ee/robertorenzo


Publicado en

En estéreo

Roberto Renzo. Más allá de las canciones, la música tiene mucho para decirnos.